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Terra
La Coctelera

Sin desperdicio

He recibido un e-mail de un amigo indicándome algo que no tiene desperdicio. Lo comparto con ustedes:

"Hola!"

"Aquí mando una broma muy bien escrita por Arturo Pérez Reverte, escritor y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Conociendo por sus artículos al personaje, me lo imagino riéndose a medida que iba complotando estos supuestos cambios..."

"Una nota interesante es que, al entrar en la página web donde sale publicado, http://www.radialistas.net/, más abajo del artículo salen respuestas de muchos jóvenes de toda América Latina, alarmados la mayoría por estos cambios, otros reconociendo que escriben un mal castellano, otros indicando las limitaciones de la nueva escritura de mensajes de texto, etc. LO IMPRESIONANTE ES QUE CASI NINGUNO DE ESTOS MUCHACHOS ASUMIÓ LA REALIDAD DE QUE ERA UN SIMPLE BROMA..¿DÓNDE SE HAN QUEDADO LA IRONÍA, EL HUMOR, Y LA IMAGINACIÓN?"

"Por si te preguntas quiénes son estos muchachos "radialistas" te copio información de la página:'La Asociación RADIALISTAS APASIONADAS Y APASIONADOS es una ONG sin fines de lucro con sede en Quito, Ecuador (...) Nuestra misión es contribuir a la democratización de las comunicaciones, especialmente de la radio, desde las perspectivas de género y ciudadanía. Somos un centro de producción al servicio de radialistas de todos los continentes, priorizando América Latina y el Caribe.'"

"Una cosa que estoy seguro les diría Pérez Reverte sería: 'género no, estúpidos, se dice sexo'".

"Creo que Pérez Reverte, si leyera estos comentarios mencionados, estaría más preocupado por ellos que por la mala escritura, tan en boga hoy en día..."

(lo que dice Arturo Pérez Reverte)

Ni democrático ni liberal: pintoresco y reaccionario

En una ocasión le oí decir a un importante intelectual que la muerte de Fidel Castro traería consigo el ocaso de la visión romántica que en el extranjero se tiene sobre el régimen cubano. Según ese pronóstico, uno de los problemas que enfrentaría el hermano sucesor sería mantener la imagen idílica de la 'revolución', ya sin el máximo protagonista de la 'epopeya', cosa difícil dado el 'pragmatismo' menos aventurerista del nuevo personaje y el rechazo que provocan las dinastías hasta en los ambientes progres.

Me podrán redargüir que Estados Unidos, ese supuesto Goliat, siempre servirá como justificante de la represión que el pequeño David paradójicamente ejerce contra su propio pueblo. Sin embargo, creo que esa idea poco a poco irá siendo insostenible por dos razones. En primer lugar, porque los cubanos se van dando cuenta de que si hasta ahora no podían tener celulares o entrar en los hoteles no era por la política de sanciones del coloso del Norte, sino por la cerrazón del propio régimen cubano. El razonamiento es simple: si era culpa de los americanos y ellos no han cambiado su política, ¿por qué ya se pueden comprar computadoras?

La otra razón tiene que ver con el cambio que se está experimentando en el exilio cubano. Organizaciones poderosas como la Fundación Nacional Cubanoamericana han ido moviéndose hacia posturas percibidas como menos radicales y más abiertas al diálogo, inclusive con la propia nomenclatura castrista. Este cambio, que ha sido gradual, ha hecho más evidente la profunda fractura del exilio, según la cual de un lado están 'los blandos' (aunque poderosos), y del otro 'los duros'. Una situación que se ha puesto aún más de relieve con la actual contienda electoral norteamericana entre los que apoyan a McCain y los que se inclinan por Obama.

En la medida en que el exilio cubano sea menos monolítico, perderá su principal atractivo político, su voto como comunidad. Hoy día no se puede afirmar, como hace unos años, que la comunidad cubana vote mayoritariamente republicano o demócrata, sino que habrá que esperar a las elecciones para poder dar una respuesta válida. Y seguramente, sea cual sea el partido finalmente beneficiado, ya no será algo tan compacto como antes.

Una consecuencia que se desprende de ese escenario factible es el hecho de que, cuando los políticos norteamericanos vayan prescindiendo de la comunidad cubana, la política hacia Cuba experimentará cambios inevitables de dirección. Lo cual no sería nada nuevo para Estados Unidos, que actualmente tiene buenas relaciones (o por lo menos relaciones normales) con China, Rusia y otros países en que el estado de derecho deja mucho que desear o simplemente es inexistente.

De ocurrir lo anterior – y teniendo además presente que el futuro de su protector económico, Hugo Chávez, no está seguro del 2013 en adelante--, el régimen cubano estaría todavía más obligado a dar un giro de timón en su política principalmente hacia el exterior, lo cual desde luego no implicaría cambios sustanciales en lo interno que no se encuadren en la dinámica gatopardista.

Se trataría de establecer relaciones estrechas, pero cuidadosas, con estados o 'poderes' con los que hasta ahora existían vínculos en un plano secundario o simplemente formal. En el terreno económico significaría reforzar el capitalismo de estado sin permitir la libre iniciativa ciudadana y sustentado en su participación del comercio internacional y de las inversiones extranjeras, siempre mediante empresas mixtas o joint ventures. En ese sentido está clara la apuesta que se está haciendo por los vínculos económicos con Brasil.

En el ámbito político internacional, Cuba podría ir gradualmente desligándose de países del famoso 'eje del mal' e, inclusive, mientras el precio del petróleo y las relaciones con los nuevos aliados se lo permita, podría ir tomando distancia del excéntrico y mundialmente malquisto Hugo Chávez.

Por otro lado, el gobierno al parecer estaría dispuesto a hacer concesiones internas en determinadas materias sociales -aunque de poco calado-, lo cual tendría buena acogida en 'poderes conservadores' y además ayudaría a lavar la cara del régimen ante la comunidad internacional. Paradójicamente, al mismo tiempo daría pasos en sintonía con el progresismo mundial dando luz verde al proyecto de ley que consagraría 'derechos' como el reconocimiento legal de las parejas gay y las cirugías de cambio de sexo. Pero a decir verdad, en comparación con los cambios radicales que en materia de moralidad han tenido lugar en las últimas décadas en el mundo, el régimen cubano bien puede ser considerado como conservador.

En conclusión, es previsible que para los próximos años el régimen cubano convierta su 'realpolitik' en un 'collage' que incluya el pragmatismo no monolítico en sus relaciones internacionales con sus nuevos socios o aliados, mientras que en el plano interno se producirá una profundización antiliberal del capitalismo de estado, siguiendo una línea política de corte reaccionario desde el punto de vista político. Todo jalonado de algunas insignificantes y pintorescas salidas de pata socialdemócratas. Menudo ajiaco.

Víctimas de un espejismo

Sorprende sobremanera que algunos optimistas antropológicos pretendan aplicar normas no escritas de la democracia a realidades que distan mucho de clasificar en dicha categoría política. El acostumbrado balance que los medios de comunicación y las fuerzas políticas hacen cuando un nuevo gobierno cumple los primeros cien días en el poder, constatamos sorprendidos que indebidamente se ha hecho con Cuba. Y no se crea que afirmo lo anterior partiendo de la falsa premisa de que el régimen cubano sea el único gobierno inmovilista, puesto que la tentación de la inercia no es exclusiva de la isla, si bien desde luego no hay ningún gobierno democrático que lleve medio siglo sin moverse.

Insisto en el punto porque algunos han sucumbido al espejismo de creer que en Cuba hay algo nuevo. Lo que está sucediendo allá es tan ambiguo que bien se puede afirmar que algo está cambiando, tanto como aseverar exactamente lo contrario. Inclusive no son pocos los que aseguran que se están cambiando cosas para que nada cambie, apropiándose humorística pero dramáticamente de la conocida paradoja del gatopardismo de Lampedusa.

Los simpatizantes del castrismo, y los ingenuos incorregibles que nunca faltan, hallaron siempre argumentos para entusiasmarse con los supuestos logros de la 'revolución' (y de paso justificar su carácter ferozmente represivo), al igual que hoy sucumben a los cantos de sirena del raulismo.

Mas no se requiere ser muy escéptico ni muy opositor para constatar que se trata sólo de cambios mínimos y superficiales. Nada ha cambiado sustancialmente en Cuba con Raúl Castro, ni por el contenido ni por la forma. Todo forma parte de estrategias, falsos debates y cálculos políticos continuistas que poco tienen en cuenta las necesidades imperiosas de un pueblo cuyo sufrimiento acumulado de medio siglo pide clamorosamente una transformación a fondo.

En ese contexto, resulta difícil entender por qué algunos se complican tanto extrapolando la regla de los cien días al trágico desempeño de un régimen que lleva en el poder cincuenta años. Las mismas interrogantes siguen en pie: ¿Ya está cada preso político libre y en casa junto a su familia? ¿Ya hay libertad de expresión, de iniciativa y de empresa para los nacionales? ¿Ya la Asamblea Nacional está analizando la petición cívica que más de 10 mil ciudadanos presentaron hace varios años mediante el Proyecto Varela?

Son tan sólo tres preguntas, por no agotar el tema con un cuestionario largo y tendido, que los sesudos analistas y cubanólogos ad hoc deben formularse primero antes de avanzar sus tesis y quinielas apriorísticas acerca del rumbo futuro de una isla que sigue encapsulada en el inmovilismo y en el gatopardismo.

Mugabe, el liberticida

por/ Yaxys D. Cires 
Después de todo la vida suele ser bastante indulgente con los dictadores, pues siempre pone en sus manos la posibilidad -para ellos dolorosa- de abandonar el poder de manera incruenta, evitándoles, además, hacer el ridículo de decir tanta boberías en público; Decoroso ofrecimiento para quieres solo merecen el desprecio de los mortales. Pero a decir verdad, a los mensajes que les exhortan a preparar las maletas pocos suelen responder de manera positiva.

A Robert Mugabe, el liberticida, el hecho de perder elecciones no le quita el sueño y persiste en la indecorosa actitud de seguir machacando a sus compatriotas. Con un inmenso desprecio hacia los derechos humanos la ha emprendido contra los que votaron a la oposición en la primera vuelta de las elecciones zimbabuenses. Es cierto que si no fuera por su eterna devoción por el oficio de empobrecer al pueblo, se podría decir que reprimir es lo único que sabe hacer y por tanto lo que de él se podría esperar. A medida que se acerque la segunda vuelta electoral, las prácticas intimidatorias contra los ciudadanos irán en ascenso.

Recientemente, sacerdotes católicos han denunciado la represión a la que está siendo sometida la Iglesia por rechazar las violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno. Así lo relata uno de los clérigos a la agencia Ayuda a la Iglesia Necesitada:"Resulta triste comprobar que algunos sacerdotes fueron arrestados al poco tiempo de leerles a los creyentes la carta pastoral; a uno incluso lo sacaron a rastras de la iglesia antes de terminar de leerla", denuncia. "En nuestra diócesis, varios de nosotros estamos en la lista negra de la Inteligencia Central y de otros departamentos de seguridad, y ahora vivimos en el temor de ser arrestados, torturados o asesinados. Por favor, les rogamos sigan rezando por nosotros mientras luchamos por hablar en nombre de la población sin voz de Zimbawe", concluye el sacerdote.

Los próximos días serán cruciales para el futuro de Zimbabue, por ello los estados democráticos deben estar alerta. Los resultados que salgan de las urnas tendrán que ser defendidos con todos los mecanismos que el derecho internacional y la práctica política ofrecen. Sería una vergüenza mundial que Mugabe logre burlar nuevamente la voluntad de los ciudadanos. En caso de que vuelva a suceder lo que siempre ha ocurrido, o sea, la aquiescencia ante la patraña de Mugabe, la propia comunidad internacional estará cerrando las puertas a una transición pacífica en ese pobre país. Después saldrán muchos a defender la desplumada paloma de la paz.